Vuela alto, Lucía Morelba

De madre Curiepera y padre de Tapipa, se definía como venezolana de pura cepa. Su presencia amorosa y su orgullosa negritud, tenían un lugar en cada feria, en cada encuentro. Lucía Morelba Marrero de Herrera como ella misma se presentaba, era artesana con más de 40 años de experiencia, dedicada al tintado textil y a su investigación. Cera de velas y tinturas naturales se comportaban en sus manos como el pincel sobre el lienzo.


La conocimos en la embajada de Indonesia en Venezuela por el 2012, en un maravilloso espacio de compartir de saberes, ofrecido por quien era para el momento la embajadora de este país en el nuestro.


En su fecunda existencia nos acompañó a ferias, encuentros, talleres, exposiciones, meriendas de negras, muestras y pare de contar, pero lo que más nos sorprendió fue su decidida acción de traspasar sus saberes a los más pequeños y pequeñas, Aliprimerianamente o Robinsonianamente “llenando de impulsos el combate por la vida” y en medio de la pandemia hizo del patio de su casa una escuela para enseñar junto a su esposo, los secretos del batik y del gres. Ella, como un sabia chamana elevada, se desprendió de lo que era más suyo y se dio a los “Igues” como una florecita silvestre cuando es tocada por el viento. Como si supiera que pronto volaría y quería marcharse liviana, liguera de equipaje.

Me gustaba llamarla Lucía, porque me recordaba una canción de Serrat “Vuela esta canción para ti, Lucía”. Vuelen estas palabras de amor de todos y todas los que te conocimos y quisimos como niños y niñas jugar entre las telas que colgabas en los árboles del parque o entre las hendijas del toldo.


Sin lugar a dudas es hoy un día de tristeza para el sector artesanal, pero con Martí decimos “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”

Aracelis García Reyes
Presidenta de la Fundación Red de Arte

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