Artesanos, trabajadores e instituciones celebraron los 20 años de la Fundación Red de Arte

Con un foro y la entrega de reconocimientos, la Fundación Red de Arte cerró su mes aniversario,
agradeciendo a todos los que hacen posible la visibilización de uno de los oficios más antiguos de la humanidad.

Bajo la imponente pintura de Andrés Bello, en el Salón Rojo de la casa que lleva su nombre, se desarrolló una profunda reflexión mediada por expertos en materia artesanal. El foro, titulado “Gestión, Identidad, Producción y Estética Insurgente”, dio inicio a la actividad de cierre organizada por la Fundación en el marco de su vigésimo aniversario.

La reflexión partió de la visión tradicional de la técnica y su transición hacia una Tecnología del Saber-Hacer: la técnica como lenguaje que amplifica la memoria corporal y el juicio del maestro artesano,garantizando eficacia productiva y exportación sin sacrificar soberanía estética ni carácter patrimonial.

Los ponentes plantearon a los asistentes tres interrogantes claves, que fueron abordando en el
desarrollo de sus ponencias:

¿Cuál será el método para la tecnificación de la artesanía que le permita escalar la producción hasta niveles donde pueda dialogar con la industria, sin perder originalidad ni identidad patrimonial?

¿Cuál será el papel de los artesanos y las artesanas al producir para abordar los mercados nacional e internacional? ¿Se necesita el ajuste de procesos y la incorporación de ciertas maquinarias que ayuden a reducir tiempos, ganar en calidad y generar propuestas audaces que acorten el avance de la imitación masiva?

¿Qué papel juega el taller como espacio de producción y formación, y qué filosofía debe prevalecer en esos espacios de producción del conocimiento?

Al respecto el antropólogo Maury Marqués afirmó que debemos abordar la artesanía como una forma de insurgencia: “El objeto artesanal piensa, habla, dice y regresa la conexión humana en colectivo, relatando lo cotidiano”. En respuesta a las interrogantes, señaló: “La industrialización de las artesanías pasa por entender que la mano no es la máquina; el saber hacer no yace en una computadora, sino en cada uno de los hombres y mujeres creadores. La máquina es una herramienta, pero no es sensible. El artesano obliga a la máquina, y no al revés”. Advirtió sobre la importancia de la artesanía para hacer resistencia cognitiva y, ante el temor de que desaparezca con la incorporación de nuevas tecnologías, sentenció: “Solo puede desaparecer la artesanía si logran separar el lugar del sujeto”, e hizo un llamado a la custodia del biopatrimonio artesanal.

La historiadora María Daza exhortó: “Nosotros tenemos que lograr que la artesanía sea reconocida como un producto de excelencia. Que de nuestros talleres salgan piezas únicas, no líneas de imitación industrial”. Reivindicó el taller de los artesanos como un laboratorio de filosofía aplicada, donde la tecnología esté subordinada a las manos de los creadores. “La calidad artesanal no puede ser licencia de imperfección”, finalizó, ejemplificando el uso de la técnica desde una pieza de cerámica del estado Lara hasta la cestería Yekuana de los pueblos originarios.

Subrayó que el taller no solo debe ser un aula, sino un espacio donde cada gesto conlleva una decisión ética unida a la estética, con profundo respeto por las manos del creador y por quien utilizará cada pieza. Propuso prácticas concretas como la bitácora del saber-hacer y alternar horas de supervisión donde los aprendices asuman que también son dueños de un saber, pudiendo revisar y juzgar la pieza del maestro, generando una acción dialógica donde el conocimiento se va ganando. Hizo un llamado a promover el diálogo entre artesanos, diseñadores y tecnólogos desde el propio taller artesanal.

Arcelis García, anfitriona de la actividad, centró su intervención en reconocer la producción de conocimiento asociado a la artesanía que habita en cada artesano. Afirmó, retomando las palabras del investigador Maury Marqués sobre desobediencia epistémica: “Pasa por reivindicarnos como productores de conocimiento que, además, tenemos un saber hacer”. Citó al investigador Acosta Saignes para recordar que se ha clasificado el objeto artesanal venezolano bajo criterios estéticos coloniales, reduciéndolo a categoría de mercancía suntuaria o curiosidad del pasado, limitando su inmenso aporte y negándole su complejo dispositivo de resistencia cultural, memoria colectiva y soberanía.

Llamó a pensar desde los aportes del lenguaje artesanal para nombrar con propiedad palabras como tecnología, calidad, investigación, metodologías e inteligencia. Afirmó: “La inteligencia artesanal es el reservorio de información más grande del universo, contenido en nuestros genes que se hacen conciencia y que utilizamos como materia prima”. Agradeció la amplia convocatoria del foro y finalizó dirigiéndose a los artesanos: “No es hora de andar cada quien por su lado, es hora de la unidad del pueblo. Mientras nos veamos separados, no vamos a poder asumir los grandes desafíos que como pueblo tenemos. Vamos, que cada pieza de artesanía también exprese ‘Los queremos de vuelta'”.

Reconocimiento a 140 protagonistas de la artesanía

El foro cerró dando paso a la emotiva entrega de reconocimientos a 140 hombres y mujeres, entre los que figuraban trabajadores, artesanos, instituciones públicas y periodistas de los medios de comunicación social, distinguidos por su compromiso con el desarrollo de la artesanía venezolana. Su rol como promotores ha sido crucial para que el país se encamine hacia una política pública en este campo. Gracias a su dedicación, hoy las artesanías son consideradas parte fundamental de la producción cultural de la Patria.

La Fundación Red de Arte resulta pieza clave en la red de voluntades que celebra dos décadas tejiendo comunidad, cultura y soberanía nacional. Es importante resaltar que los reconocimientos fueron entregados por el Consejo directivo de la Fundación Red de Arte acompañados de la Vice ministra Mary Peenjam

20 años trabajando por la identidad hecha a mano.

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