Caraqueña nacida el 24 de septiembre de 1968, creció en un hogar donde la escasez material nunca pudo competir con la riqueza humana: los dulces criollos que preparaba su madre, doña Pilar, y los amaneceres inaugurados por el rasgueo del cuatro y la bandolina de su padre siguen presente en su memoria.
En esa infancia fue donde aprendió a encontrar sus dos pasiones que definen su vida: la pedagogía que libera y la muñequería tradicional que rescata la raíz. Antes de entregarse por completo a los retazos, Carmen transitó un camino de rigor formal y sensible. Estudió Artes del Fuego en la Escuela Cristóbal Rojas, adentrándose en los secretos de la orfebrería, y se graduó en Educación con mención en Desarrollo Cultural en la Universidad Simón Rodríguez.



Durante tres décadas resguardó el patrimonio visual del país en el Museo de Bellas Artes de Caracas, cuidando minuciosamente la Colección de Obras sobre Papel. Al mismo tiempo, su vocación social la convirtió en educadora popular, llevando su experiencia comunitaria desde las parroquias El Valle y Coche junto a las hermanas del Sagrado Corazón, hasta foros en Buenos Aires y el Centro Martin Luther King en La Habana.
En la mesa de su taller, con una buena taza de café, Carmen iniciaría una conversación sobre la geopolítica del sentido humano y de cómo reconstruir un país desde la convivencia cotidiana. De fondo sonarían las canciones de Luis Mariano Rivera, Lilia Vera, Mercedes Sosa o Joaquín Sabina, mientras sus dedos dan forma a las telas.
Heredera de la inspiración de su abuela paterna, Jesusita, Carmen trabaja con las técnicas ancestrales: el rollito, donde el cuerpo y las extremidades nacen de lienzos prensados con paciencia, y el saquito, pequeñas bolsas rellenas de retazos o algodón que cobran vida como torsos y cabezas.



Cada jornada arranca con una oración de gratitud, las labores del hogar, una llamada internacional a su hija que reside en España y el tiempo sagrado de la costura, siempre respaldado por el respeto familiar. Para Carmen, ser madre ha sido la lección más satisfactoria. Al coser no solo fabrica juguetes de tela; remienda el olvido, sosteniendo en cada puntada la memoria colectiva de las abuelas venezolanas.
Está maestra cuenta con más de 10 años en el mundo de la muñequería, lo cual no se imaginó que este oficio formaría parte fundamental de su vida.


